Artífices del equilibrio
en un entorno desfavorable

Para paliar un ambiente de desaceleración se requiere un equipo público-privado sólido, con plan de trabajo claro y que genere valor.

Por Juan Felipe Sierra

Soplan vientos de desaceleración de la economía colombiana y latinoamericana, lo que genera temores y aumenta la incertidumbre en el corto plazo. Las cifras de crecimiento regional del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial así lo demuestran, pues se espera que Latinoamérica crezca a una tasa cercana al 2 % al cierre de 2023, cifra por debajo de la economía global, prevista entre 2,5 y 3 %.

La perspectiva no es favorable por la desaceleración internacional generada por los coletazos de la pandemia, sumado a los conflictos entre Rusia y Ucrania y el de Israel y Palestina. De hecho, analistas advierten que estas tensiones aumentarán el precio del petróleo Brent (referencia para Colombia) y se espera que sobrepase los USD90 el barril, lo que es una mala noticia para el país y la región por los impactos que esto trae para la economía.

En este ambiente internacional también es importante hablar de la economía de EE. UU., donde la Reserva Federal (FED) ha hecho una labor rigurosa para contener la inflación, desacelerando la economía sin caer en recesión. “Parcialmente ha logrado ese propósito con una política monetaria más restrictiva y una inflación que se mantiene en el 3,5 %”, indica César Tamayo, decano de la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno de la Universidad EAFIT.

En el caso de Colombia, la desaceleración se ha sentido más fuerte que en el resto del mundo porque pasó de crecer al
10 % en el primer trimestre de 2022 a un proyectado1,3 % para este año, una caída muy pronunciada que repercute en la dinámica del país. Además, la inflación sigue alta, lo que no permite que el Banco de la República baje las tasas, y evidencia la disyuntiva de dinamizar la economía o permitir que la inflación suba más y se mantenga en doble dígito.

 

Igualmente, hay otros indicadores significativos, como el deterioro de la cartera vencida, la cual crece a tasas por encima del 15 %; la caída de la inversión a tasas del 4,2 %, lo que inquieta porque la inversión es lo que permite crecer en el largo plazo y el hecho de que decrezca en Colombia no es una buena señal.

Adicional a estos indicadores, desde la academia se mira con atención lo que pasa en el sector energía y el impacto de la inestabilidad institucional, sumados al fenómeno de El Niño que se espera fuerte el próximo año y con impacto en los precios de la energía y demás. “Otra preocupación adicional más a mediano plazo es la caída de las importaciones y de las exportaciones, lo que hiciera parecer que nos estamos cerrando al mundo”, agrega el decano de la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno de EAFIT.

Protagonistas del cambio

Sin embargo, la buena noticia que sobresale en este panorama oscuro viene por el lado del desempleo, que no ha sentido todo su efecto; de hecho, ha crecido el empleo formal y se han recuperado los 22 millones de ocupados que se tenían antes de la pandemia. La tasa de desocupación se situó en 9,3 % en septiembre de este año, con una disminución de 1,5 puntos porcentuales frente al mismo mes de 2022 (10,7 %); esto a pesar de la caída de sectores como la construcción, la industria, el comercio, pero surgieron otros también intensivos en mano de obra, como son entretenimiento y hospitalidad, que han hecho su aporte. Sin embargo, la proyección es que dicha tasa caiga en los próximos meses, y por eso se deben tomar correctivos.

En la economía, las empresas son clave para crear y conservar cierto equilibrio. Impulsan la productividad, el crecimiento y generan empleo. Definitivamente, “sí hay cosas para hacer porque las oportunidades están. Los empresarios son conscientes de ello y, a pesar de los nubarrones del entorno económico y político, Colombia tiene potencial para salir adelante”, resalta César Tamayo.

Precisamente, el ánimo de los empresarios sigue firme en su contribución. Para el caso de Antioquia, solo entre enero y septiembre de este año se crearon 22.783 empresas, según cifras de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia.

Aunque dicho dato representó una variación de -3,8 % frente a las 23.692 empresas creadas en igual periodo de 2022, igualan a las registradas en 2019, antes de la pandemia (22.800). Además, se resalta que los sectores con más protagonismo en este año por su variación positiva y participación fueron alojamiento (26,5 %), agencias de viaje y operadores turísticos (24,5 %) y transporte terrestre (22 %). Mientras que las actividades que tuvieron más disminución fueron confección (-18,3 %), servicios personales (-15,6 %) y sector primario (-12,6 %).

Imelda Restrepo, vicepresidenta de Desarrollo Económico y Competitividad de la Asociación Nacional de Empresarios (Andi), manifiesta que, a pesar de la incertidumbre, los industriales siguen buscando opciones para conservar las empresas en el país, generar empleo y adaptarse a la situación.

Sus encuestas indican que los proyectos de inversión se han venido ajustando a esta realidad; los empresarios siguen pensando en inversión, en generar capacidades, pero “esto se debe dar en un contexto con condiciones favorables. Es trabajar en equipo, y eso incluye vincular lo público y lo privado, trabajar con la academia, con el Gobierno, con los gremios, instituciones, con los colaboradores de las empresas y los diferentes actores”, comenta Restrepo.

Desde el gremio industrial se motiva la construcción de una estrategia de impulso al crecimiento económico, en el corto y largo plazo, que incluya diferentes sectores con condiciones que reactiven la inversión de actividades privadas en alianza con el Gobierno, como es el caso del sector eléctrico, minero-energético, salud e infraestructura.

Basta mirar las oportunidades que brindan las exportaciones hacia países como EE. UU., nación que crece a más del 2 % y está repensando quiénes son sus socios comerciales, y países como México lo están aprovechando ya, y Colombia con el TLC puede hacer lo mismo implementando estrategias como el nearshoring (transferir parte de la producción a terceros en países cercanos).

La cercanía a EE. UU. es una ventaja geográfica competitiva para Colombia; incluso las pequeñas empresas también pueden beneficiarse de este tipo de oportunidades formando parte de una cadena de suministro que las engrane en ese gran mercado estadounidense. Ahí es donde toma relevancia una política pública que provea condiciones para ello, por ejemplo, en temas de infraestructura, flexibilidad laboral, costos menores para generar empleo, fomento a la innovación, entre otros.

LO QUE HAY QUE PREGUNTARSE

¿Podrá Colombia mejorar las cifras de empleo en el contexto actual?

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