Plantilla entrada general

El mundo presencia una puja que comenzó con la pandemia y se agudizó con las guerras. Como en una carrera de largo aliento, se juega a la estrategia y se leen las jugadas del rival para tomar decisiones. ¿La más afectada? ¡La globalización!

Por Juan Carlos Luján Sáenz

Los años de pandemia, la guerra entre Rusia y Ucrania, el conflicto en el Medio Oriente, las consecuencias de estos sucesos en el futuro próximo, los “jugadores” actuales y los que asoman, la incertidumbre… El mundo se mueve hacia un nuevo orden económico global en el que China, Estados Unidos, la Unión Europea y los países emergentes buscan conservar sus posiciones, a la vez que se alían y se desmarcan en una disputa geopolítica en la que se lanza un dólar al aire y puede que el que caiga sea un yuan. No el que corre más es el más firme candidato a ganar, en muchas ocasiones, el que se impone es el que mejor se posiciona.

“Una serie de eventos de los últimos cinco o seis años han llevado al mundo a repensar asuntos que se creían resueltos. Hemos vuelto a ver una guerra en suelo de Europa (y más recientemente en Oriente Medio). Hemos visto emerger fuertes tensiones entre China y Occidente, y a todo esto, sumamos la pandemia de covid-19, que causó la disrupción más severa en la economía y el comercio mundial que hayamos vivido en tiempos recientes. Son varios eventos de gran magnitud que han ocurrido en pocos años. Esto hace que los países desa-rrollados y en desarrollo se planteen preguntas sobre el futuro y recalibren sus estrategias geopolíticas”.

Las palabras son de César Tamayo, decano de la Escuela de Finanzas, Economía y Gobierno de EAFIT, alrededor de esta nueva reconfiguración global de los actuales modelos económicos.

Y en esa reconfiguración, las dos principales potencias se lanzan directas e indirectas como en octubre de 2023, cuando, en una visita de senadores estadounidenses a China, el presidente chino Xi Jinping dijo:

“La forma en que China y Estados Unidos se lleven entre sí y afronten un mundo de cam-bios y agitación, determinará el futuro y el destino de la humanidad”, se reseña en el portal de la DW.

Y es el presente y el futuro el esce-nario de análisis del economista Jesús Botero, vicerrector de Extensión de la Universidad de Medellín y profesor de EAFIT, y quien considera que la disrupción de estos últimos años se explica por tres factores relevantes: la pérdida de prestigio de la globalización, el desacople de los bloques económicos fundamentales y la disrupción tecnológica que, en los últimos 20 años, ha experimentado unas transformaciones inimaginables.

En esta carrera de “fondistas”, propia para competidores expertos en largas distancias, se ha mencionado que, a finales de esta década o a comienzos de la próxima, la economía china podría superar a la estadounidense como la primera del mundo. ¿Será esto posible? Bueno, la crisis de las exportaciones chinas este año le ha plantea-do un reto al modelo del gigante asiático y lo ha hecho mirar a su mercado interno, pero igualmente mantiene sus perspectivas de crecimiento por encima del 5 %.

Estados Unidos, por su parte, ve alejarse el fantasma de la recesión, mientras que Europa sigue viviendo los efectos de la guerra entre Ucrania y Rusia, y los países emergen-tes analizan las dinámicas cambiantes, los efectos bélicos y el fortalecimiento del dólar como moneda mundial.

“Hay países en el este de Europa que han tenido varias décadas de progreso. También aparecen algunas naciones en el centro de Asia que, de forma silenciosa, están haciendo la tarea. Pero, definitivamente, las fuerzas que habrá que considerar hacia el futuro serán India y los países árabes, especialmente Catar y los Emiratos Árabes”, expone el decano Tamayo, en línea con diversos estudios que manifiestan que, para 2030, India será la tercera economía del planeta, por encima de Japón.

“Los eventos de gran magnitud que han ocurrido en los últimos años hacen que los países desarrollados y en desarrollo se planteen preguntas sobre el futuro y recalibren sus estrategias geopolíticas”.

César E. Tamayo
Decano de Finanzas,
Economía y Gobierno de EAFIT

Jugar a no perder

Según el economista Jesús Botero, vicerrector de Extensión de la Universidad de Medellín y profesor de EAFIT, la manera como está ocurriendo el nuevo ordinamiento responde a tres razones: la pérdida de prestigio de la globalización, el desacople de los bloques económicos fundamentales y la disrupción tecnológica, lo que lleva a que las potencias diseñen estrategias y analicen las consecuencias.

 

Desconfianza creciente hacia la globalización

La globalización, dice el profesor Botero, tiene una ganancia neta positiva, pero siempre, en estos procesos, hay perdedores. Es decir, cuando Estados Unidos y China se relacionan para producir algunos insumos en China, el resultado es positivo en general, global, pues se logra producir a un menor costo, favorece el consumo de los bienes y genera capacidad de compra y desarrollo económico en los países emergentes.

Pero hay perdedores y agrega que en Estados Unidos todas las personas vinculadas a la producción de bienes en el sector automotor se verán afectadas por la desapa-rición de las unidades productivas para las que trabajaban.

“Creo que la globalización no logró nunca generar las compensaciones adecuadas y los gobiernos han sido incapaces de crear estructuras coherentes y de compensación a los perdedores”.Por esto, se buscan nuevas rutas, nuevos proveedores, nuevos tratados económicos, y se reconfiguran geográficamente las cadenas de producción y comercio”.

Desacople entre las economías

Lo anterior lleva a un desacople entre las economías, que hace que se privilegien las cadenas globales de valor. No solo por el costo, sino también por el acceso a los insumos.

Todo esto reforzado por las dificultades logísticas que se presentaron con la pandemia, y que generaron el nearshoring (desplegar cadenas logísticas en lugares más cercanos); y el friendshoring, (desplegarlas en condiciones para que los países amigos sean los que tienen los eslabones de la cadena).

Pero hay perdedores y agrega que en Estados Unidos todas las personas vinculadas a la producción de bienes en el sector automotor se verán afectadas por la desapa-rición de las unidades productivas para las que trabajaban.

Disrupción tecnológica

En esta tercera variable, la inteligencia artificial, el internet de las cosas y todos estos fenómenos nos obligan a repensarnos y no sabemos muy bien qué va a suceder. Pero sí, cómo afectan los mercados nacionales.

Pero hay perdedores y agrega que en Estados Unidos todas las personas vinculadas a la producción de bienes en el sector automotor se verán afectadas por la desapa-rición de las unidades productivas para las que trabajaban.

Las estrategias de las potencias

Por el desacople de las economías y la caída de las exportaciones, China debió acudir a su mercado interno gracias a que, entre otros factores, constituyó una clase media que se integró a dinámicas capitalistas aunque estuviera inmersa en un sistema político comunista. No obstante, el modelo jalonado por la demanda interna ha tenido dificultades, como la relacionada con el sector de construcción.

A su vez, Estados Unidos se ha beneficiado de tener la moneda con la que se transa en todo el mundo, lo que le da un gran poder, sobre todo con las relaciones internacionales.

La Unión Europea, por su parte, busca su posición en el nuevo orden económico, afectada por la crisis de la invasión rusa a Ucrania, las limitaciones del suministro energético que ello representa y, por supuesto, por las tensiones que significa cualquier guerra en su frontera. “Los países emergentes, por su parte, deberán moverse con cuidado.

China tiene una posición clara de atracción hacia ellos, hacia la nueva Ruta de la Seda. Estas naciones tendrán que mirar en qué esfera se mueven, si en la tradicional del dólar, si se integran al nuevo polo o si serán capaces de aprovechar una doble condición”, explica el economista Botero.

Los efectos de las guerras actuales

Para César Tamayo, en el caso de las actuales guerras, estas tienen dos efectos: uno directo, el geopolítico, y uno indirecto, el económico.

“El geopolítico hace que unos y otros se alineen con los diferentes países beligerantes, y esto, inevitablemente, crea y destruye alianzas. El económico es más pragmático y se relaciona con que se hace más incierto el comercio o la dependencia de ciertos países.
Por esto, se buscan nuevas rutas, nuevos proveedores, nuevos tratados económicos, y se reconfiguran geográficamente las cadenas de producción y comercio”.

Así nos afecta

Todo este escenario no es lejano para Colombia. En la medida en que el país sepa leer el contexto y beneficiarse del reacomodo de estas fuerzas, puede haber un mejoramiento en la productividad y el crecimiento económico y eso se traduce en empleo, mayores ingresos y mejor calidad de vida.

Sin embargo, la puja entre poderes externos podría tener efectos en la inflación y, por ende, en el consumo interno a partir del aumento de precios y el comportamiento de las exportaciones y las importaciones, por lo que se requiere de un permanente monitoreo y de un aprovechamiento de la capacidad para establecer alianzas y formar bloques.

Los denominados dueños del mundo corren y se esperan, se desmarcan y se alían, “juegan” a las alianzas y a buscar amistades en todos los polos. Lo que tienen que decidir estos jugadores es si establecen alianzas porque se necesitan
o si se rechazan y siguen corriendo de manera individual.

LO QUE HAY QUE PREGUNTARSE

¿Qué tanto estamos dispuestos a invertir en tiempo, cuidados y educación para nuestros niños y niñas?

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